La grasa visceral es el tejido graso que se deposita profundamente en el abdomen, dentro de la cavidad peritoneal, rodeando órganos vitales como el hígado, el páncreas, los intestinos y los riñones. A diferencia de la grasa subcutánea, que se acumula bajo la piel y podemos verla o tocarla, la grasa visceral no es perceptible ni palpable.
Esta grasa no es simplemente un depósito pasivo de energía. Funciona como un órgano endocrino activo que libera constantemente hormonas y sustancias inflamatorias al torrente sanguíneo. Este aspecto la hace particularmente problemática para la salud.
Por qué es diferente de otras grasas
La localización de la grasa visceral tiene consecuencias metabólicas específicas. Los ácidos grasos que libera van directamente al hígado a través de la vena porta, el sistema venoso que conecta el intestino con el hígado. Esto significa que el hígado recibe una exposición constante a estos ácidos grasos, lo que interfiere con su capacidad para regular el azúcar en sangre y puede generar resistencia a la insulina.
Además, la grasa visceral produce sustancias que promueven la inflamación crónica de bajo grado en todo el organismo. Esta inflamación silenciosa está asociada con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial y síndrome metabólico.
Cómo se mide
La forma más precisa de medir la grasa visceral es mediante tomografía computarizada o resonancia magnética, aunque estos métodos son costosos y generalmente reservados para contextos médicos o de investigación.
La densitometría ósea (conocida como DEXA o DXA) también puede estimarla con alta precisión y es más accesible, pero debe ser prescrita por un profesional (médico, endocrinólogo, etc.) y no siempre está cubierta por los seguros de salud.
Un recurso mucho más casero, pero sin dudas útil, es medir el perímetro de la cintura a nivel del ombligo. Esto sirve como un indicador indirecto bastante confiable. Valores superiores a 102 centímetros en hombres o 88 centímetros en mujeres sugieren una acumulación excesiva de grasa visceral y un riesgo metabólico aumentado.
Las balanzas (o básculas) de bioimpedancia son una opción de bajo costo y, a pesar de no ser un “gold standard”, son realmente precisas y ofrecen una visión completa de la composición corporal, muy útil si te interesa hacer un seguimiento detallado y permanente que va más allá de tu peso. Es la opción que recomiendo, independientemente de que puedas realizarte un DEXA o dos al año.
Factores que influyen en su acumulación
La grasa visceral tiende a acumularse con la edad, especialmente después de los 40 años. También influyen factores genéticos, el nivel de actividad física, la alimentación (particularmente el consumo de azúcares refinados, harinas blancas y bebidas azucaradas), el estrés crónico y la baja calidad del sueño.
El consumo excesivo de alcohol está especialmente asociado con su acumulación y el sedentarismo es uno de los principales factores modificables que favorecen su acumulación.
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